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martes, 22 de abril de 2014

Gabriel García Márquez

Al pasar me saluda y tras el viento que da el aliento de su voz temprana
en la cuadrada luz de una ventana, se empaña no el cristal sino el aliento.
En la tempranera como una campana cabe lo inverosímil como un cuento
y cuando corta el hilo del momento vierte su sangre blanca la mañana.
Si se viste de azul y va a la escuela no se distingue si camina o vuela
porque es como la brisa tan liviana.
Que en la mañana azul no se precisa cuál de las tres es la brisa,
cuál es la niña y cuál es la mañana.