Follow by Email

sábado, 29 de septiembre de 2012

Soneto IV

William Shakespeare

Encanto derrochado, ¿por qué gastas
tu herencia de apostura sólo en ti?
Natura no regala apenas nada:
tan sólo presta a quienes dan sin fin.

¿Por qué entonces, bello egoísta, abusas
de la largueza con que tan han munido?
Efímero usurero, ¿por qué apuras
tamaña suma y no obtienes respiro?

Si tu único cliente es tu persona
acabarás sisándote tu encanto;
así, cuando por fin llegue tu hora

¿con qué reservas harás cuadrar tu saldo?
Sin uso, tu belleza es cosa muerta;
usada, se convierte en tu albacea.

Soneto I

William Shakespeare

Deseamos ver que lo más bello abunde
para que la belleza en flor no muera,
pues hasta el fruto pródigo sucumbe
y es justo que un retoño lo suceda;

pero en ti mandan tus hermosos ojos
y al ser tú alimento de tu llama,
siembras el hambre allí, donde hay de todo
y eres tu propia presa maltratada.

Tú que hoy adornas con tu encanto el mundo
y anuncias sin igual la primavera,
mezquinas el vigor de tu capullo

y al no gastar derrochas tus reservas:
Apiádate y no dejes que tu gula
se parta el pan del mundo con la tumba.


La canción del no y el sí

Bertolt Brecht

1

Hubo un tiempo en que creía, cuando aún era inocente,
y lo fui hace tiempo igual que tú:
quizás también me llegue uno a mí
y entonces tengo que saber qué hacer.
Y si tiene dinero
y es amable
y su cuello está limpio también entre semana
y si sabe lo que le corresponde a una señora
entonces diré "No".
Hay que mantener la cabeza bien alta
y quedarse como si no pasara nada.
Seguro que la luna brilló toda la noche,
seguro que la barca se desató de la orilla,
pero nada más pudo suceder.
Sí, no puede uno tumbarse simplemente,
sí, hay que ser fría y sin corazón.
Sí, tantas cosas podrían suceder,
ay, la única respuesta posible: "No".

2

El primero que vino fue un hombre de Kent
que era como un hombre debe ser.
El segundo tenía tres barcos en el puerto
y el tercero estaba loco por mí.
Y al tener dinero
y al ser amables
y al llevar los cuellos limpios incluso entre semana
y al saber lo que le corresponde a una señora,
les dije a todos: "No".
Mantuve la cabeza bien alta
y me quedé como si no pasara nada.
Seguro que la luna brilló toda la noche,
seguro que la barca de desató de la orilla,
pero nada más pudo suceder.
Sí, no puede uno tumbarse simplemente,
sí, hay que ser fría y sin corazón.
Sí, tantas cosas podrían suceder,
ay, la única respuesta posible: "No".

3

Sin embargo un buen día, y era un día azul,
llegó uno que no me rogó
y colgó su sombrero en un clavo en mi cuarto
y yo ya no sabía lo que hacía.
Y aunque no tenía dinero
y aunque no era amable
ni su cuello estaba limpio ni siquiera el domingo
ni sabía lo que le corresponde a una señora,
a él no le dijo: "No".
No mantuve la cabeza bien alta
y no me quedé como si no pasara nada.
Ay, la luna brilló toda la noche,
y la barca permaneció amarrada a la orilla,
¡y no pudo ser de otra forma!
Sí, no hay más que tumbarse simplemente,
sí, no puede una permanecer fría ni carecer de corazón.
Ay, tuvieron que pasar tantas cosas,
sí, no pudo haber un No.





viernes, 28 de septiembre de 2012

El suicida

Jorge Luis Borges

No quedará en la noche una estrella.
No quedará la noche.
Moriré y conmigo la suma
Del intolerable universo.

Borraré las pirámides, las medallas,
Los continentes y las caras.
Borraré la acumulación del pasado.
Haré polvo la historia, polvo el polvo.

Estoy mirando el último poniente.
Oigo el último pájaro.
Lego la nada a nadie.


El cómplice

Jorge Luis Borges

Me crucifican y yo debo ser la cruz y los clavos.
Me tienden la copa y yo debo ser la cicuta.

Me engañan y yo debo ser la mentira.
Me incendian y yo debo ser el infierno.

Debo alabar y agradecer cada instante del tiempo.
Mi alimento es todas las cosas.

El peso preciso del universo, la humillación, el júbilo.
Debo justificar lo que me hiere.

No importa mi ventura o mi desventura.
Soy el poeta.

Peregrino

Luis Cernuda

¿Volver? Vuelva el que tenga,
Tras largos años, tras un largo viaje,
Cansancio del camino y la codicia
De su tierra, su casa, sus amigos,
Del amor que al regreso fiel espere.

Mas ¿tú? ¿Volver? Regresar no piensas
Sino seguir libre adelante,
Disponible por siempre, mozo o viejo,
Sin hijo que te busque, como a Ulises.
Sin Itaca que aguarde y sin Penélope.

Sigue, sigue adelante y no regreses,
Fiel hasta el fin del camino y tu vida,
No eches de menos un destino más fácil,
Tus pies sobre la tierra antes no hollada,
Tus ojos frente a lo antes nunca visto. 

El duelo del mayoral

Manuel Mur Oti

¿Qué cómo fue señora?
Como son las cosas cuando son del alma.
Ella era muy linda, y él era muy hombre,
y yo la quería, y ella me adoraba;
pero él, hecho sombras, se me interponía,
y todas las noches, junto a su ventana,
fragantes manojos de rosas había
y rojos claveles y dalias de nácar.
Y cuando las sombras cubrían las cosas
y en el ancho cielo la luna brillaba,
de entre las palmeras gritaba su canto
y como una flecha a su casa llegaba.
¡Cómo la quería!...
¡Cómo le cantaba sus ansias de amores
y cómo vibraba con él su guitarra!
Y yo, tras las palmas, con rabia le oía,
y entre canto y canto colgaba una lágrima.
Lágrima de hombre, no crea otra cosa,
que los hombres lloran como las mujeres
porque tienen débil, como ellas, el alma.
No pude evitarlo... La envidia es muy negra
y la pena de amor es muy mala,
y cuando la sangre se enrabia en las venas,
no hay quien pueda, señora, calmarla...
Y una noche..., ¡lo que hacen los celos!,
lo esperé allá abajo, junto a la cañada;
retumbaba el trueno, llovía y el río,
igual que mis venas hincado bajaba.
Al fin, a los lejos, lo vi entre las sombras;
venía cantando su loca esperanza;
en el cinto colgaba el machete;
bajo el brazo, la alegre guitarra.
Llegó hasta mi lado, tranquilo, sereno;
me clavó en los ojos su fría mirada;
me dijo "-¿Me espera?"...
le dije "-¡Te espero!"...
y no nos hablamos ni media palabra.
Que era bravo el hombre,
bravo cual los hombres machos,
y los hombres machos pelean, no hablan.
¡Cómo la quería!... El machete dijo
su amor y sus ansias, roncaba su pecho,
brillaban sus ojos, y entre golpe y golpe
¡ponía su alma!
No fue lucha de hombres, fue lucha de toros,
eso bien lo sabe la vieja cañada;
pero más que el amor y el ensueño
pudieron la envidia y la rabia,
y al fin mi machete lo dejó tendido
sobre su guitarra...

No tema, señora, son cosas pasadas...

Todavía en el suelo me dijo llorando:
"Quiérela..., ¡que es buena!"...
"Quiérela..., ¡que es santa!"...
Quiérela... como yo la he querido,
que aunque muero...
¡la llevo metida en el alma!

Y tuve celos, señora, del que así me hablaba

y tuve celos de aquel que moría
y aún muriendo la amaba...
Y la sangre cegó mis pupilas, y el machete
en la mano temblome con rabia, lo hundí
en su pecho con odio y con furia y rasgué
su carne buscándole el alma...
Porque en el alma se llevaba mi hembra...,
y yo no quería que se la llevara.