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martes, 15 de mayo de 2012

Separación

Affonso Romano De Santanna

Desmontar la casa
y el amor. Desclavar
los sentimientos
de las paredes y las sábanas.
Recoger las cortinas
tras la tempestad
de las disputas.

El amor no resistió
las balas, plagas, flores
y cuerpos intermedios.

Empacar libros, cuadros,
discos y culpas.
Esperar el infernal
juicio final del desamor.

Los vecinos se asustan en la mañana
ante los destrozos en la puerta:
-¡parecían amarse tanto!

Hubo un tiempo;
una casa de campo,
fotos en Venecia,
un tiempo en que sonriente
el amor aglutinaba cenas y fiestas.

Se amó cierto modo de desvestirse,
de peinarse.
Se amó una sonrisa y cierto modo
de disponer la mesa. Se amó
cierto modo de amar.

No obstante, el amor parte en retirada
con sus ropas arrugadas, tropas de insultos
maletas desesperadas, sollozos incautados.

¿Le faltó amor al amor?
¿Se gastó el amor en el amor?
¿Se hartó del amor?

En el cuarto de los hijos
otra derrota a la vista;
muñecos y juguetes penden
en un collage de afectos abortados.

Se arruinó el amor y tiene prisa de partir
avergonzado.

¿Levantará otra casa, el amor?
¿Escogerá objetos, morará en la playa?
¿Viajará en la nieve y la neblina?

Tonto, perplejo, sin rumbo,
un cuerpo cruza la puerta
con trozos de pasado en la cabeza
y un futuro incierto.
En el pecho el corazón pesa
más que una valija de plomo.

domingo, 13 de mayo de 2012

Pequeños asesinatos

Affonso Romano de Santanna

Vegetariano
no evito llorar
sobre las legumbres descuartizadas
en mi plato.

Tomates sangran en mi boca,
lechugas desmayan en su salsa de mostaza, aceite y limón,
cebollas sollozan sobre la pila
y oigo el grito de las papas fritas.

Como.
Como un salvaje, como.
Como tapándome los oídos, cerrando los ojos,
distrayendo el paladar en el paisaje,
con la voluptuosidad displicente
de quien no mata para vivir.

En la sobremesa
continúa el verde desespero:
peras degolladas,
higos destazados
y no chupando el cerebro
amarillo de los mangos.

Eso acá afuera. Porque adentro,
bajo la piel, una intestina disputa
me alienta; oigo el lamento
de millones de bacterias
que el lanzamiento de los antibióticos
exaspera.

Por donde voy hay luto y lucha.

viernes, 4 de mayo de 2012

Soneto II

Pablo Neruda

Amor, cuántos caminos hasta llegar a un beso,
qué soledad errante hasta tu compañía!
Siguen los trenes solos rodando con la lluvia.
En Taltal no amanece aún la primavera.

Pero tú y yo, amor mío, estamos juntos,
juntos desde la ropa hasta las raíces,
juntos de otoño, de agua, de caderas,
hasta ser solo tú, solo yo juntos.

Pensar que costó tantas piedras que lleva el río,
la desembocadura de agua de Boroa,
pensar que separados por trenes y naciones

tú y yo teníamos que simplemente amarnos,
con todos confundidos, con hombres y mujeres,
con la tierra que implanta y educa los claveles.