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jueves, 23 de febrero de 2012

Para permanecer

Constantino Petrou Cavafis

Sería la una de la mañana,
o la una y media.

En un rincón de la taberna,
detrás de la mampara de madera.
Aparte de nosotros dos, el local estaba totalmente vacío.
Un quinqué de petróleo apenas lo alumbraba.
Dormitaba, en la puerta, el camarero del turno de la noche.

Nadie podía vernos. Pero nos habíamos
excitado tanto
que fuimos incapaces de tomar precauciones.

Nuestra ropa entreabierta -muy ligera-
pues abrasaba el divino mes de julio.

Gozo de la carne,
a través de la ropa medio desabrochada;
rápida desnudez de la carne, cuya visión
atravesó veintiséis años; y viene,
ahora, para permanecer, en estos versos.

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