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jueves, 23 de febrero de 2012

Para permanecer

Constantino Petrou Cavafis

Sería la una de la mañana,
o la una y media.

En un rincón de la taberna,
detrás de la mampara de madera.
Aparte de nosotros dos, el local estaba totalmente vacío.
Un quinqué de petróleo apenas lo alumbraba.
Dormitaba, en la puerta, el camarero del turno de la noche.

Nadie podía vernos. Pero nos habíamos
excitado tanto
que fuimos incapaces de tomar precauciones.

Nuestra ropa entreabierta -muy ligera-
pues abrasaba el divino mes de julio.

Gozo de la carne,
a través de la ropa medio desabrochada;
rápida desnudez de la carne, cuya visión
atravesó veintiséis años; y viene,
ahora, para permanecer, en estos versos.

viernes, 10 de febrero de 2012

El sudor delata a todos los clientes

Harold Alvarado Tenorio

Ponía su luz roja
Cuando venía
Y al día siguiente
Ella se lavaba las piernas
En el lavamanos.
En Berlín estará todavía.
Ambos olíamos a algo diferente
Al dinero: él a chofer de taxi
Yo, a panadero.
Era en verano, es cierto.
El sudor delata a todos los clientes.

Los hombres querido mío

Harold Alvarado Tenorio

Los hombres, querido mío,
Son otros tanto objetos de nuestra voluntad.
Nos sirven,
Y una vez llenos de mi sabor a hielo,
Gastados, viejos, ciegos o sordos,
Los vamos arrojando
Al cesto de hojas secas
Al cementerio de automóviles
Al campo de concentración
O los cambiamos a nuestros aliados
O enemigos
Por otros objetos
Los hombres, querido mío!

El que llegado a los treinta

Harold Alvarado Tenorio

La delicia de las cosas
Reposa en el paladar.
Desgraciado,
el que llegado a los treinta,
No ha probado sino un lado del placer
Y gustado sólo una caricia.