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jueves, 20 de diciembre de 2012

No volveré a ser más joven

Jaime Gil de Biedma

Que la vida iba en serio
uno lo empieza comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.

jueves, 6 de diciembre de 2012

La herida oculta

Lucrecio

Al poseerse, los amantes dudan.
No saben ordenar sus deseos.
Se estrechan con violencia
se hacen sufrir, se muerden
con los dientes los labios,
se martirizan con caricias y besos.
Y ello porque no es puro su placer,
porque secretos aguijones los impulsan
a herir al ser amado, a destruir
la causa de su dolorosa pasión.
Y es que el amor espera siempre
que el mismo objeto que encendió la llama
que lo devora, sea capaz de sofocarla.
Pero no es así. No. Cuanto más poseemos,
más arde nuestro pecho y más se consume.
Loa alimentos sólidos, las bebidas
que nos permiten seguir vivos,
ocupan sitios fijos en nuestro cuerpo
una vez ingeridos, y así es fácil
apagar el deseo de beber y comer.
Pero de un bello rostro, de una piel suave,
nada se deposita en nuestro cuerpo, nada
llega a entrar en nosotros salvo imágenes,
impalpables y vanos simulacros,
miserable esperanza que pronto se desvanece.
Semejantes al hombre, que en sueños,
quiere apagar su sed y no encuentra
agua para extinguirla, y persigue
simulacros de manantiales y se fatiga
en vano y permanece sediento y sufre
viendo que el río que parece estar
a su alcance huye y huye más lejos,
así como los amantes juguete en el amor
de los simulacros de Venus.
No basta la visión del cuerpo deseado
para satisfacerlos, ni siquiera la posesión,
pues nunca logran desprender ni un ápice
de esas graciosas formas sobre las que discurren,
vagabundas y erráticas, sus caricias.
Al fin, cuando los miembros pegados,
saborean la flor de su placer,
piensan que su pasión será colmada,
y estrechan codiciosamente el cuerpo
de su amante, mezclando aliento y saliva,
con los dientes contra su boca, con los ojos
inundando sus ojos, y se abrazan
una y mil veces hasta hacerse daño.
Pero todo es inútil, vano esfuerzo,
porque no pueden robar nada de ese cuerpo
que abrazan, ni penetrarse y confundirse
enteramente cuerpo a cuerpo,
que es lo único que verdaderamente desean:
tanta pasión inútil ponen en adherirse
a los lazos de Venus, mientras sus miembros
parecen confundirse, rendidos en el placer.
Y después, cuando ya el deseo, condesado
en sus venas, ha desaparecido, su fuego
interrumpe su llama por un instante,
y luego vuelve un nuevo acceso de furor
y renace la hoguera con más vigor que antes.
Y es que ellos mismos saben que no saben
lo que desean y, al mismo tiempo, buscan
cómo saciar ese deseo que los consume,
sin que puedan hallar remedio
para su enfermedad mortal:
hasta tal punto ignoran dónde se oculta
la secreta herida que los corroe.

sábado, 24 de noviembre de 2012

Soneto del amor II

Alberto Angel Montoya

Este dolor que del amor me fue dado
a cambio del amor que di sin tasa,
para el olvido de ese otro amor que pasa,
ya tiene el corazón crucificado.

Esta sangre fluyendo del costado
será el placer de ese otro amor que pasa,
dolor que hiere y júbilo que abrasa:
otro amor a nacer para olvidarlo.

Herir el gozo a que clamando aspira.
Sufrir gozando de saberse herido.
Oh, amor con su verdad y su mentira.

Toda la angustia del amor perdido,
y el gozo triste que al amor inspira
poder de corazón hacer olvido.

Soneto al amor I

Alberto Angel Montoya

Cuántas veces, amor, por retenerte
puse a tus pies mi juventud rendida.
Y cuántas a pesar de esa herida
te la volví a entregar para no perderte.

Cuántas veces también, altivo y fuerte,
por alcanzar la gracia prometida,
me batí frente a frente con la vida,
o me hallé cara a cara con la muerte.

Y, hoy, cuando mi ilusión vuelve a tu lado
trayéndole al misterio de tu hechizo
la pluma azul del pájaro encantado,

torna otra vez a mi pupila el lloro
al mirar desde el puente levadizo
que está cerrado tu castillo de oro. 

lunes, 29 de octubre de 2012

El viaje definitivo

Juan Ramón Jiménez

...Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros
cantando;
y se quedará mi huerto, con su verde árbol,
y con su pozo blanco.

Todas las tardes, el cielo será azul y plácido;
y tocarán, como esta tarde están tocando,
las campanas del campanario.

Se morirán aquellos que me amaron;
y el pueblo se hará nuevo cada año;
y en el rincón aquel de mi huerto florecido y encalado.
mi espíritu errará nostálgico.

Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido...
Y se quedarán los pájaros cantando.

sábado, 29 de septiembre de 2012

Soneto IV

William Shakespeare

Encanto derrochado, ¿por qué gastas
tu herencia de apostura sólo en ti?
Natura no regala apenas nada:
tan sólo presta a quienes dan sin fin.

¿Por qué entonces, bello egoísta, abusas
de la largueza con que tan han munido?
Efímero usurero, ¿por qué apuras
tamaña suma y no obtienes respiro?

Si tu único cliente es tu persona
acabarás sisándote tu encanto;
así, cuando por fin llegue tu hora

¿con qué reservas harás cuadrar tu saldo?
Sin uso, tu belleza es cosa muerta;
usada, se convierte en tu albacea.

Soneto I

William Shakespeare

Deseamos ver que lo más bello abunde
para que la belleza en flor no muera,
pues hasta el fruto pródigo sucumbe
y es justo que un retoño lo suceda;

pero en ti mandan tus hermosos ojos
y al ser tú alimento de tu llama,
siembras el hambre allí, donde hay de todo
y eres tu propia presa maltratada.

Tú que hoy adornas con tu encanto el mundo
y anuncias sin igual la primavera,
mezquinas el vigor de tu capullo

y al no gastar derrochas tus reservas:
Apiádate y no dejes que tu gula
se parta el pan del mundo con la tumba.


La canción del no y el sí

Bertolt Brecht

1

Hubo un tiempo en que creía, cuando aún era inocente,
y lo fui hace tiempo igual que tú:
quizás también me llegue uno a mí
y entonces tengo que saber qué hacer.
Y si tiene dinero
y es amable
y su cuello está limpio también entre semana
y si sabe lo que le corresponde a una señora
entonces diré "No".
Hay que mantener la cabeza bien alta
y quedarse como si no pasara nada.
Seguro que la luna brilló toda la noche,
seguro que la barca se desató de la orilla,
pero nada más pudo suceder.
Sí, no puede uno tumbarse simplemente,
sí, hay que ser fría y sin corazón.
Sí, tantas cosas podrían suceder,
ay, la única respuesta posible: "No".

2

El primero que vino fue un hombre de Kent
que era como un hombre debe ser.
El segundo tenía tres barcos en el puerto
y el tercero estaba loco por mí.
Y al tener dinero
y al ser amables
y al llevar los cuellos limpios incluso entre semana
y al saber lo que le corresponde a una señora,
les dije a todos: "No".
Mantuve la cabeza bien alta
y me quedé como si no pasara nada.
Seguro que la luna brilló toda la noche,
seguro que la barca de desató de la orilla,
pero nada más pudo suceder.
Sí, no puede uno tumbarse simplemente,
sí, hay que ser fría y sin corazón.
Sí, tantas cosas podrían suceder,
ay, la única respuesta posible: "No".

3

Sin embargo un buen día, y era un día azul,
llegó uno que no me rogó
y colgó su sombrero en un clavo en mi cuarto
y yo ya no sabía lo que hacía.
Y aunque no tenía dinero
y aunque no era amable
ni su cuello estaba limpio ni siquiera el domingo
ni sabía lo que le corresponde a una señora,
a él no le dijo: "No".
No mantuve la cabeza bien alta
y no me quedé como si no pasara nada.
Ay, la luna brilló toda la noche,
y la barca permaneció amarrada a la orilla,
¡y no pudo ser de otra forma!
Sí, no hay más que tumbarse simplemente,
sí, no puede una permanecer fría ni carecer de corazón.
Ay, tuvieron que pasar tantas cosas,
sí, no pudo haber un No.





viernes, 28 de septiembre de 2012

El suicida

Jorge Luis Borges

No quedará en la noche una estrella.
No quedará la noche.
Moriré y conmigo la suma
Del intolerable universo.

Borraré las pirámides, las medallas,
Los continentes y las caras.
Borraré la acumulación del pasado.
Haré polvo la historia, polvo el polvo.

Estoy mirando el último poniente.
Oigo el último pájaro.
Lego la nada a nadie.


El cómplice

Jorge Luis Borges

Me crucifican y yo debo ser la cruz y los clavos.
Me tienden la copa y yo debo ser la cicuta.

Me engañan y yo debo ser la mentira.
Me incendian y yo debo ser el infierno.

Debo alabar y agradecer cada instante del tiempo.
Mi alimento es todas las cosas.

El peso preciso del universo, la humillación, el júbilo.
Debo justificar lo que me hiere.

No importa mi ventura o mi desventura.
Soy el poeta.

Peregrino

Luis Cernuda

¿Volver? Vuelva el que tenga,
Tras largos años, tras un largo viaje,
Cansancio del camino y la codicia
De su tierra, su casa, sus amigos,
Del amor que al regreso fiel espere.

Mas ¿tú? ¿Volver? Regresar no piensas
Sino seguir libre adelante,
Disponible por siempre, mozo o viejo,
Sin hijo que te busque, como a Ulises.
Sin Itaca que aguarde y sin Penélope.

Sigue, sigue adelante y no regreses,
Fiel hasta el fin del camino y tu vida,
No eches de menos un destino más fácil,
Tus pies sobre la tierra antes no hollada,
Tus ojos frente a lo antes nunca visto. 

El duelo del mayoral

Manuel Mur Oti

¿Qué cómo fue señora?
Como son las cosas cuando son del alma.
Ella era muy linda, y él era muy hombre,
y yo la quería, y ella me adoraba;
pero él, hecho sombras, se me interponía,
y todas las noches, junto a su ventana,
fragantes manojos de rosas había
y rojos claveles y dalias de nácar.
Y cuando las sombras cubrían las cosas
y en el ancho cielo la luna brillaba,
de entre las palmeras gritaba su canto
y como una flecha a su casa llegaba.
¡Cómo la quería!...
¡Cómo le cantaba sus ansias de amores
y cómo vibraba con él su guitarra!
Y yo, tras las palmas, con rabia le oía,
y entre canto y canto colgaba una lágrima.
Lágrima de hombre, no crea otra cosa,
que los hombres lloran como las mujeres
porque tienen débil, como ellas, el alma.
No pude evitarlo... La envidia es muy negra
y la pena de amor es muy mala,
y cuando la sangre se enrabia en las venas,
no hay quien pueda, señora, calmarla...
Y una noche..., ¡lo que hacen los celos!,
lo esperé allá abajo, junto a la cañada;
retumbaba el trueno, llovía y el río,
igual que mis venas hincado bajaba.
Al fin, a los lejos, lo vi entre las sombras;
venía cantando su loca esperanza;
en el cinto colgaba el machete;
bajo el brazo, la alegre guitarra.
Llegó hasta mi lado, tranquilo, sereno;
me clavó en los ojos su fría mirada;
me dijo "-¿Me espera?"...
le dije "-¡Te espero!"...
y no nos hablamos ni media palabra.
Que era bravo el hombre,
bravo cual los hombres machos,
y los hombres machos pelean, no hablan.
¡Cómo la quería!... El machete dijo
su amor y sus ansias, roncaba su pecho,
brillaban sus ojos, y entre golpe y golpe
¡ponía su alma!
No fue lucha de hombres, fue lucha de toros,
eso bien lo sabe la vieja cañada;
pero más que el amor y el ensueño
pudieron la envidia y la rabia,
y al fin mi machete lo dejó tendido
sobre su guitarra...

No tema, señora, son cosas pasadas...

Todavía en el suelo me dijo llorando:
"Quiérela..., ¡que es buena!"...
"Quiérela..., ¡que es santa!"...
Quiérela... como yo la he querido,
que aunque muero...
¡la llevo metida en el alma!

Y tuve celos, señora, del que así me hablaba

y tuve celos de aquel que moría
y aún muriendo la amaba...
Y la sangre cegó mis pupilas, y el machete
en la mano temblome con rabia, lo hundí
en su pecho con odio y con furia y rasgué
su carne buscándole el alma...
Porque en el alma se llevaba mi hembra...,
y yo no quería que se la llevara.





jueves, 23 de agosto de 2012

Sin título

Fernando Linero

Nací en Santa Marta el 4 de octubre de 1957.
Tengo mujer, dos hijos que veo crecer y un perro.
No estoy atado a nada en particular.
De los 510.101.000 kilómetros cuadrados
que tiene la tierra de extensión
ni un solo metro es mío.
Mi única preocupación
es acaso la de amar verdaderamente.
Acaso la de arder con aquello que amo.
Creo que el diálogo con la luz,
el diálogo con la tierra,
para exaltación de los sentidos.
Desde los 15 escribo poesía.
Creo que ella cura de cierto desencanto,
de cierta melancolía,
permite así sea fugazmente
recuperar cosas perdidas.
Ayuda a comprender en algo
el sentido de lo humano.
Me gusta el mar, los libros,
la marihuana, las bebidas fuertes.
Me gusta recordar a los amigos.
Me gusta la música, la noche, los caminos.
He cruzado los dedos y respirado hondo.
He compartido con el ocaso
la gloria de no ser nada.
A mis cuarenta años
en esta lucha por llegar yo no sé adonde
nunca he sentido envidia de nadie.
Sólo el aire sabe del final dela ruta.
En lo profundo de mí guardo la esperanza
de que la muerte no sea más que un espejismo.


martes, 21 de agosto de 2012

Conjuro

Raúl Gómez Jattin

Los habitantes de mi aldea
dicen que soy un hombre
despreciable y peligroso
Y no andan muy equivocados

Despreciable y Peligroso
Eso han hecho de mí la poesía y el amor

Señores habitantes
Tranquilos
que sólo a mí
suelo hacer daño

jueves, 5 de julio de 2012

Contra Jaime Gil de Biedma

Jaime Gil de Biedma

¿De qué me sirve, quisiera yo saber, cambiar de piso,
dejar atrás un sótano más negro
que mi reputación -ya ya es decir-,
poner bisillos blancos
y tomar criada,
renunciar a la vida de bohemio,
si vienes luego tú, pelmazo,
embarazoso huésped, memo vestido con mis trajes,
zángano de colmena, inútil, cacaseno,
con tus manos lavadas,
a comer en mi plato y a ensuciar la casa?
Te acompañan las barras de los bares
últimos de la noche, los chulos, las floristas,
las calles muertas de la madrugada
y los ascensores de luz amarilla
cuando llegas, borracho,
y te paras a verte en el espejo
la cara destruida,
con ojos todavía violentos
que no quieres cerrar. Y si te increpo,
te ríes, me recuerdas el pasado
y dices que envejezco.
Podría recordarte que ya no tienes gracia.
Que tu estilo casual y que tu desenfado
resultan truculentos
cuando se tienen más de treinta años,
y que tu encantadora
sonrisa de muchacho somnoliento
-seguro de gustar- es un resto penoso,
un intento patético.
Mientras que tu me miras con tus ojos
de verdadero huérfano, y me lloras
y me prometes ya no hacerlo.
¡Si no fueses tan puta!
Y si no supiese, hace ya tiempo,
que tú eres fuerte cuando yo soy débil
y  que eres débil cuando me enfurezco...
De tus regresos guardo una impresión confusa
de pánico, de pena y descontento,
y la desesperanza
y la paciencia y el resentimiento
de volver a sufrir, otra vez más,
la humillación imperdonable,
de la excesiva intimidad.
A duras penas te llevaré a la cama,
como quien va al infierno
para dormir contigo.
Muriendo a cada paso de impotencia,
tropezando con muebles
a tientas, cruzaremos el piso
torpemente abrazados, vacilando
de alcohol y de sollozos reprimidos.
¡Oh innoble servidumbre de amar seres humanos,
y la más innoble
que es amarse a sí mismo!













martes, 3 de julio de 2012

Deseo

Osvaldo Polo

No te amarán una sola vez, fingirán y jugarán contigo una vez cada vez.
Más del mil veces te mentirán con las mismas mentiras que me mentiste.
Esperarás siete veces el tiempo que esperé por ti.
Recibirás un millón de veces menos todo el amor que sentí.
Se te negará la amistad sincera, el amor puro y el sexo placentero.
Se te concederá la mala compañía, no la buena soledad.
Se te darán largas borracheras llenas de oscuridad, miedos y escalofríos por días interminables.
No escaparás de las palabras sinceras de tu madre y el reproche permanente de tus hermanas.
Tus amigos te evitarán con descaro y sin remordimiento.
Sabrás sin duda que los daños del amor duelen.

Sólo un deseo.
Quiero que te ahogue esta lluvia de madrugada.
Quiero ver naufragar tus ojos negros en mares de lágrimas.
Que no puedas contener
No tendré salvavidas para ti.
Mi bandera ondeará a media asta disimulando un vuelo.
Me recogeré plácido fantaseando con el sol.
No atenderé tus gritos ni tu voz desconsolada.
No tendré oídos para ti.
No soy de las sombras.
No te afanes.
Soy de mar.
Quiero que te ahogue esta lluvia de madrugada.
Quiero ver naufragar tus ojos negros en mares de lágrimas.
Que no puedas contener.
Sólo es un deseo de tantos. 


Roby Nelson

Bernardo Arias Trujillo

Amo a un joven de insólita tristeza,
todo de lumbre cándida investido:
la vida en él un nuevo dios empieza,
y ella en él cobra número y sentido.
Él, en su cotidiano movimiento
por ámbitos de bruma y gnomo y hada,
circunscribe las flámulas del viento
y el oro ufano en la espiga encarnada.
Ora fulgen los lagos por la estría...
Él es paz en el alba nemorosa.
Es canción en lo cóncavo del día.
Es lucero en el agua tenebrosa...
Lo conocí una noche estando yo borracho
de copas de champaña y sorbos de heroína;
era un pobre pilluelo, era un lindo muchacho
del hampa libertina.
Ardía Buenos Aires en danza de faroles;
sobre el espejo móvil del Río de la Plata
fosforecían las barcas como pequeños soles
o pupilas de ágata.
En el asfalto móvil de la amplia costanera
el arrabal volcaba sus luces de colores:
poetas, pederastas, muchachas milongueras,
apaches, morfinómanos, artistas y pintores.
Los pecados ladraban como perros sin dueño
entre la bulliciosa cosmópolis del bar;
los marinos iban en góndolas de ensueño
sobre las aguas líricas del mar.
En un ángulo turbio miro desde mi mesa
a un pálido chiquillo que sonríe y me mira
y a través de las gotas rubias de la cerveza
mi lujuria conspira.
Tiene catorce años y en sus hondas pupilas
cercadas por paréntesis lívidos de violeta,
ojeras prematuras del vicio, ojeras lilas de onanista o asceta.
¿Quién eres tú?, le dije,
rozando sus cabellos ondulantes de eslavo.
¡Yo! soy un niño triste...
Roby Nelson me llamo.
Roby Nelson... lindo nombre de golosina,
nombre que suena a dulces tonadas de ocarina,
nombre que tiene dóciles inflexiones de amor
y una delicadez enfermiza de flor.
Y pienso: Este muchacho
es un retoño de hombre que errará por el mundo,
en sus pupilas grises hay un dolor profundo,
es hijo de inmigrantes venidos de lejanos países
y en su cuerpo errabundo
se ha cruzado la sangre de dos razas tristes.
Se llama Roby Nelson, flor del barrio,
que va de muelle en muelle, de vapor en vapor,
este chico vicioso de cabellos de eslavo
vende cocaína y amor.
Es hijo de la noche y huésped del suburbio,
hoja de Buenos Aires que el viento arrebató,
desperdicio del vicio, pobre pétalo turbio
que un arroyo se llevó.
Tal vez en un hospicio su cuna se meció
y es hijo de prostituta y de ladrón.
¿Quieres estar conmigo esta noche pilluelo?
Y sus ojos piratas me dijeron que sí.
Mi sangre trepidaba entre llamas de anhelo
y naufragué en un tibio frenesí.
Besé entonces los lirios ignotos de sus manos,
la fresa de su boca congelada de frío;
nos fuimos vagabundos por los diques lejanos
y en esa noche griega fue sabiamente mío.
¿Qué quiere usted que hagamos?
Me dice con la gracia de una odalisca rusa;
y se quita la blusa, se desnuda
y me ofrece su cuerpo como si fuese un ramo.
Desnudo entre los rojos cojines y las sedas
sobre la cama asiática me brinda sus primicias;
sus manos galopan en pos de mis monedas,
las mías galopan en pos de sus caricias.
Y besando su cuerpo de palidez divina
que tenía la eucarística anemia de las rosas
le dije tembloroso en un dulce clamor:
Te pido que me vendas dos cosas:
un gramo de heroína y dos gramos de amor.
¡Roby Nelson! ¿Dónde estarás ahora?
¿Nueva York, Río de Janeiro, Filipinas, Balsora,
Panamá, Liverpool?
¿Dónde estás Roby Nelson de cabellos de eslavo
con tus hondas ojeras, tu chaqueta de esclavo
y tu raída gorra azul?
¿Por qué turbios caminos empañados de ausencia
como una diosa pálida amortajó tu esplín.
Muchacho bohemio, príncipe de tus vicios,
exquisito y perverso, frágil como una flor.
En mis noches paganas de crisis voluptuosas,
en los hondos naufragios de mi fe y mi dolor,
te pido como antes que me vendas dos cosas:
un gramo de heroína y dos gramos de amor.

viernes, 22 de junio de 2012

Variaciones sobre un tema de William Carlos Williams

Kenneth Koch

1
Talé la casa en la que habías planeado vivir el verano que viene.
Lo siento, pero era por la mañana, no tenía nada que hacer
y sus vigas de madera eran tan tentadoras.

2
Los dos reímos al ver las malvarrosas
y entonces las rocié con lejía.
Discúlpame. Ya ni sé lo que hago.

3
Regalé el dinero con el que pensabas vivir los próximos diez años.
El tipo que me lo pidió iba vestido de cualquier manera
y el sólido viento de marzo en el porche era tan jugoso y frío.

4
Ayer por la noche salimos a bailar y te rompí una pierna.
Perdóname. Estuve muy torpe, y
te quería aquí en la clínica, !donde soy el médico!

miércoles, 20 de junio de 2012

Morir a solas

Raúl Gómez Jattin

Bajo el sol de mediodía por los algodonales
va mi adolescencia cruel   Va mi mano prendida
de la mano invisible
de aquel muchacho extraño y duro como piedra lunar
Lo dejo irse por los arrabales de una locura brava
que desgaja mi cuerpo y lo hace morir

Crepita la blanca fibra del algodón maduro
Estoy abandonado como nunca lo he sido
y la mano lejana aprieta mi soledad

Un destino previsible me separó muy pronto
de se compañero de escuela en la ciudad
que no sabe de su ausencia en este mar de blancura
en esta inmensidad de nubes vegetales
en que mi corazón abierto como una fruta vieja
abandona su ritmo y se deja desleír por la luz
y se deja destrizar por lo blanco y llora solo

De lo que soy

Raúl Gómez Jattin

En este cuerpo
en el cual la vida ya anochece
vivo yo
Vientre blando y cabeza calva
Pocos dientes
Y yo adentro
como un condenado
Estoy adentro y estoy enamorado
y estoy viejo
Descifro mi dolor con la poesía
y el resultado es especialmente doloroso
voces que anuncian: ahí vienen tus angustias
voces quebradas: pasaron ya tus días

La poesía es la única compañera
acostúmbrate a sus cuchillos
que es la única

Príncipe del valle del Sinú

Raúl Gómez Jattin

Sus sentimientos más leves que las alas de las garzas
pero fuertes como su vuelo  Su virilidad la propia
de un príncipe masculino soñador y altivo  Su talante
el del que no quería amar pero ama  Su heredad
la tierra  Los míticos cebúes blancos y rojizos
Un carruaje de madera y metal violeta oscuro
Como sus ojos  Tiene la noche de Damasco en ellos
Su voz la del trueno diluida en el susurro de la brisa
Su elegancia la del caballo del desierto  Sus maneras
la presencia de los antepasados orientales fumando
el hachís  Batiendo el aire con las pestañas negrísimas
con un fondo morado de ojeras de adicto ancestral
Tendido sobre un cojín de seda verde pistacho
Sus alimentos las almendras  Las aceitunas  El arroz
La carne cruda con cebolla y trigo  El pan ácido
Sus colores el negro  El azul y el magenta
Sus elementos el aire y la tierra  Su presencia
la de un joven dios agrario alejado del mal invierno
Regalando su fuerza al débil del campo  Su esencia
íntima la del adolescente eterno que habita
la ilusión del poeta y su locura de alcanzarlo
en su pleno tránsito fugaz hacia la madurez
familiar a los hábitos poco felices
Su sentido unánime el de la saeta y el corazón
palpitante
de la agonía del éxtasis erótico  Su placer el
desbordamiento íntegro
del ser sobre mis sueños abandonados entre sus manos
Su eternidad en mi la del amor largamente deseado
en lo esencial de cada instante  De cada poema


martes, 15 de mayo de 2012

Separación

Affonso Romano De Santanna

Desmontar la casa
y el amor. Desclavar
los sentimientos
de las paredes y las sábanas.
Recoger las cortinas
tras la tempestad
de las disputas.

El amor no resistió
las balas, plagas, flores
y cuerpos intermedios.

Empacar libros, cuadros,
discos y culpas.
Esperar el infernal
juicio final del desamor.

Los vecinos se asustan en la mañana
ante los destrozos en la puerta:
-¡parecían amarse tanto!

Hubo un tiempo;
una casa de campo,
fotos en Venecia,
un tiempo en que sonriente
el amor aglutinaba cenas y fiestas.

Se amó cierto modo de desvestirse,
de peinarse.
Se amó una sonrisa y cierto modo
de disponer la mesa. Se amó
cierto modo de amar.

No obstante, el amor parte en retirada
con sus ropas arrugadas, tropas de insultos
maletas desesperadas, sollozos incautados.

¿Le faltó amor al amor?
¿Se gastó el amor en el amor?
¿Se hartó del amor?

En el cuarto de los hijos
otra derrota a la vista;
muñecos y juguetes penden
en un collage de afectos abortados.

Se arruinó el amor y tiene prisa de partir
avergonzado.

¿Levantará otra casa, el amor?
¿Escogerá objetos, morará en la playa?
¿Viajará en la nieve y la neblina?

Tonto, perplejo, sin rumbo,
un cuerpo cruza la puerta
con trozos de pasado en la cabeza
y un futuro incierto.
En el pecho el corazón pesa
más que una valija de plomo.

domingo, 13 de mayo de 2012

Pequeños asesinatos

Affonso Romano de Santanna

Vegetariano
no evito llorar
sobre las legumbres descuartizadas
en mi plato.

Tomates sangran en mi boca,
lechugas desmayan en su salsa de mostaza, aceite y limón,
cebollas sollozan sobre la pila
y oigo el grito de las papas fritas.

Como.
Como un salvaje, como.
Como tapándome los oídos, cerrando los ojos,
distrayendo el paladar en el paisaje,
con la voluptuosidad displicente
de quien no mata para vivir.

En la sobremesa
continúa el verde desespero:
peras degolladas,
higos destazados
y no chupando el cerebro
amarillo de los mangos.

Eso acá afuera. Porque adentro,
bajo la piel, una intestina disputa
me alienta; oigo el lamento
de millones de bacterias
que el lanzamiento de los antibióticos
exaspera.

Por donde voy hay luto y lucha.

viernes, 4 de mayo de 2012

Soneto II

Pablo Neruda

Amor, cuántos caminos hasta llegar a un beso,
qué soledad errante hasta tu compañía!
Siguen los trenes solos rodando con la lluvia.
En Taltal no amanece aún la primavera.

Pero tú y yo, amor mío, estamos juntos,
juntos desde la ropa hasta las raíces,
juntos de otoño, de agua, de caderas,
hasta ser solo tú, solo yo juntos.

Pensar que costó tantas piedras que lleva el río,
la desembocadura de agua de Boroa,
pensar que separados por trenes y naciones

tú y yo teníamos que simplemente amarnos,
con todos confundidos, con hombres y mujeres,
con la tierra que implanta y educa los claveles.

lunes, 23 de abril de 2012

La justicia

Eduardo Cote Lamus

Yo padecía la luz, tenía la frente
igual que una mañana recién hecha;
luego vino la sombra y me sembró
sin darme cuenta la señal amarga:
las palabras serían desde entonces
una visión del mundo derribado
en sueños; uno tiene que cantar
porque un nuevo Caín es ser poeta.
Me vendí como esclavo para que
mi dueño manejara mis acciones;
resulta que el amor me hizo más solo
y mi amo no podía con sus culpas.
Liberto vago, sí, manumitido
de mí; la sombra soy de lo real;
pero tampoco puedo darme cuenta
de qué es lo que transcurre en mi entorno.
Lo malo de sentir que pasa el sueño
a través de los ojos y del pecho
y no poder decir lo que sucede.
Sí; por esta palabra que yo escribo
seré después juzgado, ajusticiado;
no me defenderán contra la muerte
mi labor de contar, de decir cosas,
el ir muriendo en cada letra, de
ver cenizas donde está la vida.

sábado, 21 de abril de 2012

Madrigales

Aurelio Arturo

1

Déjame ya ocultarme en tu recuerdo inmenso,
que me toca y me ciñe como una niebla amante;
y que la tibia tierra de tu carne me añore,
oh isla de alas rosadas, plegadas dulcemente.

Y estos versos fugaces que tal vez fueron besos,
y polen de florestas en futuros sin tiempo,
ya son como reflejos de lunas y de olvidos,
estos versos que digo, sin decir, en tu oído.

2

Llámame en la hondonada de tus sueños más dulces,
llámame con tus cielos, con tus nocturnos firmamentos,
llámame con tus noches desgarradas al fondo
por esa ala inmensa de imposible blancura.

Llámame en el collado, llámame en la llanura
y en el viento y la nieve, la aurora y el poniente,
llámame con tu voz, que es esa flor que sube
mientras a tierra caen llorándola sus pétalos.

3

No es para ti que, estas líneas escribo
en la página azul de este cielo nostálgico
como el viejo lamento del viento en el postigo
del día mas floral entre los días idos.

Una palabra vuelve, pero no es tu palabra,
aunque fuera tu aliento que repite mi nombre,
sino mi boca húmeda de tus besos perdidos,
sino tus labios vivos como los míos, furtivos.

Y vuelve, cada siempre, entre el follaje alterno
de días y de noches, de soles y sombrías
estrellas repetidas, vuelve como el celaje
y su bandada quieta, veloz y sin fatiga.

No es para ti este canto que fulge de tus lágrimas,
no para ti este verso de melodías oscuras,
sino que entre mis manos tu temblor aún persiste
y en él el fuego eterno de nuestras horas mudas.



miércoles, 4 de abril de 2012

Nocturno

Darío Jaramillo Agudelo

Naufraga el sol, entre colores se hunde llevándose el contorno preciso de las cosas,
se corren las cortinas de este cuento.
El azul era azul y es ahora negro.
Detrás de la pared negra de la noche queda el día: a veces, la grieta que abre un rayo deja ver la luz de tres de la tarde en la trastienda.
Pero ahora es la noche, dama negra, luna blanca, hora del sortilegio y del asalto, del dulce sueño, del huevo o la gallina.
Se dice que la noche habita en el fondo de los mares. La noche es líquida.
La noche es humedad, aguacero que se destapa entre relámpagos, nubes ciegas que chocan en la oscuridad,
es pantano arrastrado por tinieblas,
la noche son los ríos depositando limo en los océanos,
la noche es humedad, sudor de cuerpos, saliva de lujuria, semen, savia reciclando oxígeno.

(Los poemas de Esteban, 1995)


martes, 20 de marzo de 2012

Poemas de amor (7-14)

Darío Jaramillo Agudelo

7

Alabanza de mi noche blanca,
supresión de los abismos de mi corazón,
aniquiladora de mis momentos atroces.
Benditas tu caricia y tu palabra, Señora de la Apacible Ronda,
muchacha mía que detesta llorar por la mañana,
muchacha que habla a solas por la casa y ríe.
Ola frágil, bajo mi cuerpo ardiente tu cuerpo mío se calcina en un delirio de luz
y entonces somos una sola sustancia.
Flor de mis jadeos y mis éxtasis, tú, la callada, con tu mano en mi mano
diciéndome la claridad calladamente,
permitiéndole al tiempo transcurrir sobre nosotros sin rozarnos,
nosotros, juntos, los eternos.

8

Tu lengua, tu sabia lengua que inventa mi piel,
tu lengua de fuego que me incendia,
tu lengua que crea el instante de demencia, el delirio del cuerpo enamorado
tu lengua, látigo sagrado, brasa dulce,
invocación de los incendios que me saca de mí, que me transforma,
tu lengua de carne sin pudores,
tu lengua de entrega que me demanda todo, tu muy mía lengua,
tu bella lengua que electriza mis labios, que vuelve tuyo mi cuerpo por ti purificado,
tu lengua que me explora y me descubre,
tu hermosa lengua que también sabe decir que me ama.

9

"No soy feliz y, sin embargo, bastas"
René Char

Eufórico y desconcertado, peligrosamente alegre para estos frises tiempos,
dejo mi palabra sobre el sonido de la luz, sobre el agua rumorosa del amor y de la carne;
así queda, en esta noche ya sin ruidos, el sudor único de dos pieles que son un solo cuerpo;
duermes al lado y yo te miro para asegurarme de que existes y veo el azafrán de la luna desleído en tu pelo.
Solamente oigo tu respiración pausada, ese aire que me justifica y me exalta;
eres el misterio exacto que me da claridad, el signo diáfano, la magia que me nutre,
en tu sosegado reposo le das sentido al mundo:
tus labios de rojo vino alborozado se entreabren para recibir el ángel quieto del sueño
y yo me embriago con tu sueño mientras tus ojos recogen una cosecha de soles y de pájaros;
de ti me alimento, de la tenue sombra de tu cuerpo que ahora me besa 
y que expulsa de mi corazón todo el asco acumulado y lo apaciguas y lo llenas de música;
esto es la vida; saber que existes y que te amo.

10

Que nadie toque este amor.
Que todos ignoren el sigilo de nuestro cielo nocturno
y el secreto sea el aire dichoso de nuestros plácidos suspiros.
Que ningún extraño contamine el sueno tuyo y el mío:
cualquier visitante es un invasor en el tibio ámbito donde habitamos,
aquí el tiempo es agua fresca en movimiento, apenas sutil velo,
y todas las gentes viven muy lejos de nuestro jardín alucinado,
ajenos a nuestro paraíso secreto.

11

Poemas de circunstancia para decir el amor
y también poemas trascendentales para decir el amor:
vano intento de la letra hacer la crónica del instinto certero,
cano intento de decir el amor.
Este feliz disparate nunca será alcanzado por la ebriedad de la palabra
o el desquiciamiento barrunto del poeta.
Acaso el silencio sea la única cordura del amor
y decirlo su locura más tonta.

12

Todo tuyo siempre todavía.
Todo tuyo por siempre hasta hoy y luego,
tuyo siempre porque para ser lo necesito,
siempre todo tuyo,
siempre aunque siempre nunca sea,
todo íntegro tuyo siempre y hasta ahora más el próximo nuevo instante cada vez.
Con todo el tiempo del mundo que es igual a la próxima noche,
todo tuyo siempre todavía.
Seguro de sobrevivir mañana tuyo,
siempre tuyo desde hoy en cada mañana de mañana.
Enamorado de ti, siempre y ahora, sin recuerdos,
en presente siempre amándote,
eternamente tuyo,
todo tuyo siempre todavía.

13

Primero está la soledad.
En las entrañas y en el centro del alma:
ésta es la esencia, el dato básico, la única certeza;
que solamente tu respiración te acompaña,
que siempre bailarás con tu sombra,
que esa tiniebla eres tú.
Tu corazón, ese fruto perplejo,  no tiene que agriarse con tu sino solitario;
déjalo esperar sin esperanza
que el amor es un regalo que algún día llega por sí solo.
Pero primero está la soledad,
y tú estás solo,
tú estás solo con tu pecado original -contigo mismo-.
Acaso una noche, a las nueve,
aparece el amor y todo estalla y algo se ilumina dentro de ti,
y te vuelves otro, menos amargo, más dichoso;
pero no olvides, especialmente entonces,
cuando llegue el amor y te calcine,
que primero y siempre está tu soledad
y luego nada
y después, si ha de llegar, está el amor.

14

Sé que el amor
no existe
y sé también
que te amo.






martes, 13 de marzo de 2012

Poemas de amor (1-6)

Darío Jaramillo Agudelo

1

Ese otro que también me habita,
acaso propietario, invasor quizás o exiliado en este cuerpo ajeno o de ambos,
ese otro a quien temo e ignoro, felino o ángel,
ese otro que está solo siempre que estoy solo, ave o demonio,
esa sombra de piedra que ha crecido en mi adentro y en mi afuera,
eco o palabra, esa voz que responde cuando me preguntan algo,
el dueño de mi embrollo, el pesimista y el melancólico y el inmotivadamente alegre,
ese otro,
también te ama.

2

Podría perfectamente suprimirte de mi vida,
no contestar tus llamadas, no abrirte la puerta de la casa,
no pensarte, no desearte,
no buscarte en ningún lugar común y no volver a verte,
circular por las calles por donde sé que nos pasas,
eliminar de mi memoria cada instante que hemos compartido,
cada recuerdo de tu recuerdo,
olvidar tu cara hasta ser capaz de no reconocerte,
responder con evasivas cuando me pregunten por ti
y hacer como si no hubieras existido nunca.
Pero te amo.

3

Yo huelo a ti.
Me persigue tu olor, me persigue y me posee.
No este olor un perfume sobrepuesto en ti,
no es el aroma que llevas como una prenda más:
es tu olor esencial, tu halo único.
Y cuando, ausente, mi vacío te convoca,
una ráfaga de ese aliento me llega del lugar más tierno de la noche.
Yo huelo a ti
y tu olor me impregna después de estar juntos en el lecho,
y ese fino aroma me alimenta,
y ese aliento esencial me sustituye.
Yo huelo a ti.

4

Algún día te escribiré un poema que no mencione el aire ni la noche;
un poema que omita los nombres de las flores, que no tenga jazmines o magnolias.
Algún día te escribiré un poema sin pájaros ni fuentes, un poema que eluda el mar
y que no mire a las estrellas.
Algún día te escribiré un poema que se limite a pasar los dedos por tu piel
y que convierta en palabras tu mirada.
Sin comparaciones, sin metáforas, algún día te escribiré un poema que huela a ti,
un poema con el ritmo de tus pulsaciones, con la intensidad estrujada de tu abrazo.
Algún día te escribiré un poema, el canto de mi dicha.

5

Atolondrado y confuso,
demasiado lleno de ruidos,
sin centro ni reposo,
desconectado del otro lado de la piel,
aturdido por el interminable crujido de este corazón,
-tierra cuarteada, ceniza gris en el pecho-,
así pasan estas noches de calor y duermevela,
esas noches en que no estoy contigo.

6

Tu voz por el teléfono tan cerca y nosotros tan distantes,
tu voz, amor, al otro lado de la línea y yo aquí solo, sin ti, al otro lado de la luna,
tu voz por el teléfono tan cerca, apaciguándome, y tan lejos tú de mí, tan lejos,
tu voz que repasa las tareas conjuntas: "debemos empezar una cosa y luego la otra sin terminar ninguna",
o que menciona un número mágico,
que por encima de las alharaca del mundo me habla para decir en lenguaje cifrado que me amas.
Tu voz aquí, a lo lejos, que le da sentido a todo,
tu voz que es la música del alma,
tu voz, sonido del agua, conjuro, encantamiento.

Poemas de amor

Darío Jaramillo Agudelo

1

Ese otro que también me habita,
acaso propietario, invasor quizás o exiliado en este cuerpo ajeno o de ambos,
ese otro a quien temo e ignoro, felino o ángel,
ese otro que está solo siempre que estoy solo, ave o demonio,
esa sombra de piedra que ha crecido en mi adentro y en mi afuera,
eco o palabra, esa voz que responde cuando me preguntan algo,
el dueño de mi embrollo, el pesimista y el melancólico y el inmotivadamente alegre,
ese otro,
también te ama.

2

Podría perfectamente suprimirte de mi vida,
no contestar tus llamadas, no abrirte la puerta de la casa,
no pensarte, no desearte,
no buscarte en ningún lugar común y no volver a verte,
circular por las calles por donde sé que nos pasas,
eliminar de mi memoria cada instante que hemos compartido,
cada recuerdo de tu recuerdo,
olvidar tu cara hasta ser capaz de no reconocerte,
responder con evasivas cuando me pregunten por ti
y hacer como si no hubieras existido nunca.

viernes, 2 de marzo de 2012

Soneto XXIV

William Shakespeare

Como actor vacilante en el proscenio
que temeroso su papel confunde,
o como el poseído por la ira
que desfallece por su propio exceso,

así yo, desconfiando de mí mismo,
callo en la ceremonia enamorada,
y se diría que mi amor decae
cuando lo agobia la amorosa fuerza.

Deja que la elocuencia de mis libros,
sin voz, trasmita el habla de mi pecho
que pide amor y busca recompensa,

más que otra lengua de expresivo alcance.
Del mudo amor aprende a leer lo escrito,
que oír con ojos es amante escucha.

jueves, 23 de febrero de 2012

Para permanecer

Constantino Petrou Cavafis

Sería la una de la mañana,
o la una y media.

En un rincón de la taberna,
detrás de la mampara de madera.
Aparte de nosotros dos, el local estaba totalmente vacío.
Un quinqué de petróleo apenas lo alumbraba.
Dormitaba, en la puerta, el camarero del turno de la noche.

Nadie podía vernos. Pero nos habíamos
excitado tanto
que fuimos incapaces de tomar precauciones.

Nuestra ropa entreabierta -muy ligera-
pues abrasaba el divino mes de julio.

Gozo de la carne,
a través de la ropa medio desabrochada;
rápida desnudez de la carne, cuya visión
atravesó veintiséis años; y viene,
ahora, para permanecer, en estos versos.

viernes, 10 de febrero de 2012

El sudor delata a todos los clientes

Harold Alvarado Tenorio

Ponía su luz roja
Cuando venía
Y al día siguiente
Ella se lavaba las piernas
En el lavamanos.
En Berlín estará todavía.
Ambos olíamos a algo diferente
Al dinero: él a chofer de taxi
Yo, a panadero.
Era en verano, es cierto.
El sudor delata a todos los clientes.

Los hombres querido mío

Harold Alvarado Tenorio

Los hombres, querido mío,
Son otros tanto objetos de nuestra voluntad.
Nos sirven,
Y una vez llenos de mi sabor a hielo,
Gastados, viejos, ciegos o sordos,
Los vamos arrojando
Al cesto de hojas secas
Al cementerio de automóviles
Al campo de concentración
O los cambiamos a nuestros aliados
O enemigos
Por otros objetos
Los hombres, querido mío!

El que llegado a los treinta

Harold Alvarado Tenorio

La delicia de las cosas
Reposa en el paladar.
Desgraciado,
el que llegado a los treinta,
No ha probado sino un lado del placer
Y gustado sólo una caricia.