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domingo, 11 de diciembre de 2011

Licantropía

Jaime Jaramillo Escobar

1

Yo erraba flotando por la tierra
y a punto de desaparecer me detenía
en el aire de los lejanos barrios nocturnos, sobre las altas
lámparas oscilantes,
en espera de ese momento en que la luz nos acogiera.

2

Te pusiste a orinar tan desafiante delante de mí. Mal hecho.
Después me quedaría acordando de eso.
Y por eso fue que tuve que ponerme a caminar por los aires,
como volando,
hasta que dejaras de orinar, ¡pero cuándo será!

3

Si uno viaja en auto, durante la noche,
no se tiene que poner a tocarse con los compañeros,
porque después cada uno se despide pero no se va
sino que se queda para siempre con los mismos quince años
que tenía en aquel viernesanto,
al auto eternamente volando bajo espinas y clavos con una
sange roja como de fruta
que no ha conocido el diente.

4

Cuando te vuelvas a bañar en una alberca que está en el
pasado, debes hacerlo solo.
Menos mal que ahora vives en Nueva York, donde yo nunca iré.
Porque aquella vez me dijiste cosas obscenas,
cosas de muchachos, que no significan nada.

5

Aunque niño todavía,
siempre estaba abrazándome para que lo besara,
con esa ternura que anda buscando a quién darse.
Su padre lo mató obligándolo a hacer un viaje a pie muy largo.
Ese niño estivo varios años en el infierno
y después salió tocando la pandereta.

6

En Fundación, reverberante y bulliciosa,
se me apareció un joven desconocido que me dijo:
-Te vi salir de Santa Marta y de inmediato he tomado un carro
para venir a alcanzarte en esta estación, donde el tren hace
una parada larga.
Segurié contigo hasta Gamarra, en el interior de las tierras cálidas
y desde allí retornaré porque mi abuela me espera.
No me dijo su nombre. Nos tomamos de las manos.
Se despidió alegremente.
Así deben ser todas las historias de ángeles.

7

Si vas a Cartagena, en Boca Chica
Los guias negros y los bateleros te ofrecerán sus servicios.
Sonrientes y obsequiosos, seas hombre o mujer,
te conducirán a una playa sollitaria para que tengas el recuerdo
que quieras de aquel breve viaje de turismo.Si te niegas a hacerlo se sentirán ofendidos y lo tomarán a desprecio.
Te dirán, como a mi: "No sabes lo que te pierdes. La próxima vez
es mejor que no vengas".

8

Sus padres, que lo amaban, estaban de acuerdo en que mi amistad
era lo más conveniente.
Por lo menos así estarían ellos seguros.
Y de ese modo todos fuimos felices.
No hay duda de que eran unos padres inteligentes.

9

Con su encantadora cabeza de dormir
y unos ojos dulces y desamparados,
la piel transparente, el corazón pequeñito,
sin fuerzas para extraer la crema dental,
dejó caer sus ropas frente a mí y me dijo:
"He venido para que seas mi padre".

10

Recorren la tierra los jóvenes que buscan un padre.
Esa, su mayor desgracia.


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