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sábado, 31 de diciembre de 2011

La mosca

Walter de la Madre

¡Qué enormes le parecerán
las cosas pequeñas a la menuda mosca!
Un botón de rosa como un colchón de plumas,
su espina como una lanza.

una gota de rocío como un espejo;
un cabello como un alambre dorado;
la más breve semilla de mostaza
tan feroz como carbones encendidos;

una pieza de pan, un encumbrado cerro;
una avispa, un cruel leopardo;
y verá brillar las pizcas de sal
como el pastor los corderos.

Ars

José Asunción Silva

El verso es vaso santo. Poned en él tan sólo
Un pensamiento puro
En cuyo fondo bullan hirvientes las imágenes
Como burbujas de oro de un viejo vino oscuro.

Allí verted las flores de la continua lucha
Ajó del mundo frío,
Recuerdos deliciosos de tiempos que no vuelven
Y nardos empapados en gotas de rocío.

Para que la existencia mísera se embalsame
Cual de su esencia ignota
Quemándose en el fuego del alma enternecida,
¡De aquel supremo bálsamo basta una sola gota!

jueves, 29 de diciembre de 2011

Los motivos del lobo

Rubén Darío

El varón que tiene corazón de lis,
alma de querube, lengua celestial, 
el mínimo y dulce Francisco de Asís,
está con un rudo y torpe animal,
bestia temerosa, de sangre y de robo,
las fauces de furia, los ojos de mal:
el lobo de Gubbia, el terrible lobo,
rabioso, ha asolado los alrededores;
cruel ha deshecho todos los rebaños;
devoró corderos, devoró pastores,
y son incontables sus muertes y daños.

Fuertes cazadores armados de hierros.
fueron destrozados. los duros colmillos
dieron cuenta de los más fieros perros
como de cabritos y de corderillos.

Francisco salió,
al lobo buscó,
en su madriguera.
Cerca de la cueva encontró a la fiera
enorme, que al verle se lanzó feroz
contra él. Francisco con su dulce voz,
alzando la mano,
al lobo furioso le dijo: ¡Paz hermano
lobo! El animal
contempló al varón de tosco sayal, 
dejó su aire arisco,
cerró las abiertas fauces agresivas,
y dijo: ¡Está bien hermano Francisco!
¡Cómo! exclamó el santo. ¿Es ley que tu vivas
de horror y de muerte?
¿La sangre que vierte
tu hocico diabólico, el duelo y espanto
que esparces, el llanto
de los campesino, el grito, el dolor
de tanta criatura de Nuestro Señor,
no han de contener tu encono infernal?
¿Vienes del infierno?
Te ha infundido acaso su rencor eterno
Luzbel o Belial?
Y el gran lobo, humilde: ¡Es duro el invierno,
y es horrible el hambre! En el bosque helado
no hallé qué comer; y busqué el ganado,
y en veces comí ganado y pastor.
¿La sangre? Yo vi más de un cazador
sobre su caballo, llevando el azor
al puño; o correr tras el jabalí,
el oso o el ciervo; y a más de uno vi
macharse de sangre, herir, torturar,
de las roncas trompas al sordo clamor,
a los animales de Nuestro Señor.
Y no era por hambre que iban a cazar.
Francisco responde: En el hombre existe
mala levadura.
Cuando nace viene con pecado. Es triste.
Mas el alma simple de la bestia es pura.
Tú vas a tener
desde hoy qué comer.
Dejarás en paz
rebaños y gente en este país.
¡Que Dios melifique tu ser montaraz!
Está bien hermano Francisco de Asís.
Ante el Señor, que todo ata y desata,
en fe de promesa tiéndeme la pata.
El lobo tendió la pata al hermano
de Asís, que a su vez le alargó la mano.
Fueron a la aldea. La gente veía
y lo que miraba casi no creía.
Tras el religioso iba el lobo fiero,
y, baja la testa, quieto lo seguía
como un can de casa, o como un cordero.

Francisco llamó la gente a la plaza
y allí predicó.
Y dijo: He aquí una amable caza.
El hermano lobo se viene conmigo;
me juró no ser ya vuestro enemigo,
y no repetir su ataque sangriento.
Vosotros, en cambio, daréis su alimento
a la pobre bestia de Dios. ¡Así sea!
contestó la gente toda de la aldea.
Y luego, en señal
de contentamiento,
movió testa y cola el buen animal,
y entró con Francisco al convento.

Algún tiempo estuvo el lobo tranquilo
en el santo asilo.
Sus bastas orejas los salmos oían
y los claros ojos se le humedecían.
Aprendió mil gracias ya hacía mil juegos
cuando a la cocina iba con los legos.
Y cuando Francisco su oración hacía,
el lobo las pobres sandalias lamía.
Salía a la calle,
iba por el monte, descendía al valle,
entraba a las casa y le daban algo
de comer. Mirábanle como aun manso galgo.
Un día Francisco se ausentó. Y el lobo
dulce, el lobo manso y bueno el lobo probo,
desapareció, tornó a la montaña,
y recomenzaron su aullido y su saña.
Otra vez sintiose el temor, la alarma,
entre los vecinos y los pastores;
colmaba el espanto los alrededores,
de nada servían el valor y el arma,
pues la bestia fiera
no dio treguas a su furor jamás,
como si tuviera
fuegos de Moloch o de Satanás.

Cuando volvió al pueblo el divino santo,
todo los buscaron con quejas y llanto,
y con mil querellas dieron testimonio,
de lo que sufrían y perdían tanto
por aquel infame lobo del demonio.

Francisco de Así se puso severo.
Se fue a la montaña
a buscar al falso lobo carnicero.
Y junto a su cueva halló a la alimaña.
¡En nombre del Padre del sacro universo,
conjurote! dijo ¡oh lobo perverso!,
a que me respondas: ¿Por qué has vuelto al mal?
Contesta. Te escucho.
Como en sorda lucha, habló el animal,
la boca espumosa y el ojo fatal:
Hermano Francisco no te me acerques mucho...
Yo estaba tranquilo allá en el convento;
al pueblo salía,
y si algo me daban estaba contento
y manso comía.
Mas empecé a ver que en todas la casas
estaban la Envidia, la Saña, la Ira,
y en todos los rostros ardía las brasas
de odio, de lujuria, de infamia y mentira.
Hermanos a hermanos hacían la guerra,
perdían los débiles, ganaban los malos,
hembra y macho eran como perro y perra,
y un buen día todos me dieron de palos.
Me vieron humilde, lamía las manos
y los pies. Seguía tus sagradas leyes,
todas la criaturas eran mis hermanos:
los hermanos hombres, los hermanos bueyes,
hermanas estrellas y hermanos gusanos.
Y así, me apalearon y me echaron fuera.
Y su risa fue como una agua hirviente,
y entre mis entrañas revivió la fiera,
y me sentí lobo malo de repente;
más siempre mejor que esa mala gente,
y recomencé a luchar aquí,
a me defender y a me alimentar.
Como el oso hace, como el jabalí,
que para vivir tienen que matar.

Déjame en el monte, déjame en el risco,
déjame existir en mi libertad,
vete a tu convento, hermano Francisco,
sigue tu camino y tu santidad.

El santo de Asís no le dijo nada.
Le miró con una profunda mirada,
y partió con lágrimas y desconsuelos,
y habló al Dios eterno con su corazón.
El viento del bosque llevó su oración,
que era: Padre nuestro que estás en los cielos...








Soneto de la dulce queja

Federico García Lorca

Tengo miedo a perder la maravilla
de tus ojos de estatua y el acento
que de noche me pone en la mejilla
la solitaria rosa de tu aliento.

Tengo pena de ser en esta orilla
tronco sin ramas; y lo que más siento
es no tener la flor, pulpa o arcilla,
para el gusano de mi sufrimiento.

Si tú eres el tesoro oculto mío,
si eres mi cruz y dolor mojado,
si soy el perro de tu señorío,

no me dejes perder lo que he ganado
y decora las aguas de tu río
con hojas de mi otoño enajenado.

lunes, 26 de diciembre de 2011

Los desposados de la muerte

Porfirio Barba Jacob

Michael Farrel ardí con un ardor puro como la luz.
Sus manos enseñaban a amar los lirios
y sus sienes a desear el oro de las estrellas.
En sus ojos bullían trémulas luces oceánicas.
Sus formas eran el himno de castidad de la arcilla,
suave y fragante y musical.
Bajo sus bucles rubios, undosos y profundos,
parecían temblar las alas de un ángel.

Emiliano Atehortúa era muy sencillo
y traía una infantilidad inagotable.
Su adolescencia láctea, meliflua y floreal,
fluía por las escarpas de la madurez
como fluye por el cielo la leche del alba.
Cuando le vi en el vano ejercicio de la vida
me pareció que me envolvía el rumor de una selva
y me inundó el corazón la virtud musical de las aguas.
Hay almas tan melódicas como si fueran ríos
o bosques en las orillas de los ríos.

Guillermo Valderrama era indolente y apasionado.
Como un licor de bajo precio,
la vida le produjo una embriaguez innoble.
Sus formas pregonaban el triunfo de una estirpe.
Había en su voz un glu-glu redentor
y su amante le llamó una vez
"el príncipe de las hablas de agua".

Leonel Robledo era muy tímido
bajo una apariencia llena de majestad.
En el recóndito espejo de la ternura
se le reflejaba la imagen de una mujer.
Toda su fuerza era para el ensueño y la evocación.
Le vi llorar una vez por males de ausencia
y me dije: hay una tempestad en una gota de rocío,
y, sin embargo, no se conmueven los luceros.

Stello Ialaki era armonioso, rosáceo, azulino,
como los mares de Grecia, como las islas que ellos ciñen.
Efundía del mundo algo irreal, risueño, fantástico.
Se le veía como marchando de las playas de ensueño
que rozaron las quillas de Simbad el Marino,
hacia las vagas latitudes
por donde erró Sir John de Mandeville.
Cuando le conocí tuve antojo de releer la Odisea,
y por la noche soñé en el misterio de las espigas.

¡Evanaam! ¡Evanaam!

Juan Rafael Agudelo era fuerte. Su fuerza trascendía
como los roncos ecos del monte a los pinos.
Alma laboriosa, la soledad era su ambiente necesario.
Sus ilusiones fructificaban como una floresta
oculta por los tules del todavía no.
Sus palabras revelaban la fuerza de la realidad,
y sus actos tenían la sencillez de un gajo de roble.



miércoles, 21 de diciembre de 2011

Mujeres de poetas

Gonzalo Arango

Ocurre que las mujeres abandonan a los poetas como si fueran grajos o caballos viejos. Alegan como razón su miseria, su desapego del mundo, su nulidad utilitaria. O porque la imagen idealista que se forjaron de él se derrumba bajo el techo de una realidad sombría.
   Yo me enamoro de una mujer únicamente cuando estoy seguro de dos cosas: ser inimitable en hacerla feliz, y en hacerla sufrir.
   Espero de tal mujer un amor recíproco.
   Si resiste la felicidad lo mismo que la pena; si su corazón no cesa de latir en la soledad con el mismo ímpetu de la pasión; si aun en medio de pavorosos desgarramientos conserva su nítida integridad; y si tiene la absoluta generosidad de renunciar a los rosados mundos por el puñado de afecto que el vivir exprime, entonces sé que ahí está el amor con su carga de miseria y conmiseración.

Esto dijo del Pollo Chiras

Víctor Eduardo Caro

Esto dijo el Pollo Chiras
cuando lo iban a matar:
"Dése breve, mi señora,
ponga el agua a calentar.

Un carbón eche a la estufa
y no cese de soplar,
que nos va cogiendo el día
y el señor viene a almorzar.

Pero escúcheme una cosa
que le quiero suplicar:
el pescuezo no me tuerza
como lo hace Trinidad.

Hay mil medios más humanos
de dormir a un animal
y de hacer que dure el sueño
por toda la eternidad.

Cumpla, pues, buena señora
mi postrera voluntad,
y despácheme prontito
sin dolor y sin crueldad".

La señora que era dama
de extrema caridad,
se quedó confundida
al oír lo dicho atrás.

Estudio el asunto a fondo,
consultó una autoridad,
se leyó varios volúmenes
en inglés y en alemán;

Compró frascos, ingredientes,
un termómetro, un compás,
dos jeringas hipodérmicas
y no sé qué cosas más.

Y en ensayos y experiencias
en tubitos de cristal,
y en lecturas y consultas
todo el tiempo se le va.

Mientras tanto el Pollo Chiras
canta alegre en el corral:
"¡Dése breve, mi señora,
ponga el agua a calentar!"

viernes, 16 de diciembre de 2011

Topatumba

Oliverio Girondo

Se miran, se presienten, se desean,
se acarician, se besan, se desnudan,
se respiran, se acuestan, se olfatean,
se penetran, se chupan, se demudan,
se adormecen, despiertan, se iluminan,
se codician, se palpan, se fascinan,
se mastican, se gustan, se babean,
se confunden, se acoplan, se disgregan,
se distienden, se encarnan, se menean,
se retuercen, se estiran, se caldean,
se estrangulan, se aprietan, se estremecen,
se tantean, se juntan, desfallecen,
se repelen, se enervan, se apetecen,
se acometen, se enlazan, se entrechocan,
se agazapan, se incrustan, se acribillan,
se remachan,se injertan, se atornillan,
se desmayan, reviven, resplandecen,
se contemplan, se inflaman, se enloquecen,
se derriten, se sueldan, se calcinan,
se desgarran, se muerden, se asesinan,
resucitan, se buscan, se refriegan,
se rehuyen, se evaden y se entregan.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Juan Gustavo Cobo Borda

Sagrado es
quien venera
lo mal llamado sucio
con tan devota lentitud.
Jaime Ibáñez

Tú, que eres inmortal te me vas de la vida
y siendo tú mi fuego te llevas mi ceniza.
Leopoldo De la Rosa

Alguien llama a la puerta de mi alma... Acaso el viento,
que agitó las cortinas, trajo el duende de un cuento
romántico y feliz?
Aurelio Arturo

Los días que uno tras otro son la vida.
Bob Dylan

No pude darme cuenta a dónde íbamos,
pero tú dijiste que sabías y yo te creí.

Piedra negra sobre una piedra blanca

César Vallejo

Me moriré en París con aguacero,
un día del cual tengo ya el recuerdo.
Me moriré en París -y no me corro-
talvez un jueves, como es hoy, de otoño.

Jueves será, porque hoy, jueves, que proso
estos versos, los húmeros me he puesto
a la mala y, jamás como hoy, me he vuelto,
con todo mi camino, a verme solo.

César Vallejo ha muerto, le pegaban
todos sin que él les haga nada;
le daban duro con un palo y duro

también con una soga; son testigos
los días jueves y los huesos húmeros,
la soledad, la lluvia, los caminos...

El hombre bien educado

Jaime Jaramillo Escobar

Si tú estás en mi casa, no puedo yo decirte nada que te hiera,
ni lo más leve, porque estás en mi casa.
Si yo estoy en tu casa, no podré decirte nada que te hiera, así sea levemente, porque estoy acogido en tu casa y sería casi un delito de mi parte.
Si estamos en el templo, no podré decirte nada que te hiera levemente, porque estamos en el templo y el respeto a los dioses es también respeto al mundo.
Si nos entretenemos en el juego, mientras estamos jugando no podré decirte nada que te hiera, porque las leyes del juego obligan a los jugadores por igual.
Si estamos en la calle, ah, de ningún modo podría yo ofenderte en la calle, en el mismo momento en que debo ofrecerte mi saludo como demostración de contento por haberte encontrado en la dichosa causalidad de la calle, en esta hermosa ciudad toda llena de árboles, de pájaros y de caprichosas fuentes.
Si te encuentro en una fiesta a la cual hemos sido invitados con fineza, ¿cómo podría yo ofenderte en el obsequio del salón, quebrantando la consideración debida a los anfitriones y el honor de la casa ajena?
Si por acaso nos encontramos en un viaje, tampoco podría yo ofenderte de ningún modo bajo el acatamiento y la atención del viaje, en presencia de la naturaleza admirablemente florecida y los tranquilos ganados que nos miran apreciativamente desde el campo.
Tal parece que el mundo se ha vuelto estrecho, que no hay lugar para volver a ser nosotros mismos, como hemos sido siempre.
¡Y tantas ganas que tenía yo de ponerte de presente unas cuantas cosas!

Licantropía

Jaime Jaramillo Escobar

1

Yo erraba flotando por la tierra
y a punto de desaparecer me detenía
en el aire de los lejanos barrios nocturnos, sobre las altas
lámparas oscilantes,
en espera de ese momento en que la luz nos acogiera.

2

Te pusiste a orinar tan desafiante delante de mí. Mal hecho.
Después me quedaría acordando de eso.
Y por eso fue que tuve que ponerme a caminar por los aires,
como volando,
hasta que dejaras de orinar, ¡pero cuándo será!

3

Si uno viaja en auto, durante la noche,
no se tiene que poner a tocarse con los compañeros,
porque después cada uno se despide pero no se va
sino que se queda para siempre con los mismos quince años
que tenía en aquel viernesanto,
al auto eternamente volando bajo espinas y clavos con una
sange roja como de fruta
que no ha conocido el diente.

4

Cuando te vuelvas a bañar en una alberca que está en el
pasado, debes hacerlo solo.
Menos mal que ahora vives en Nueva York, donde yo nunca iré.
Porque aquella vez me dijiste cosas obscenas,
cosas de muchachos, que no significan nada.

5

Aunque niño todavía,
siempre estaba abrazándome para que lo besara,
con esa ternura que anda buscando a quién darse.
Su padre lo mató obligándolo a hacer un viaje a pie muy largo.
Ese niño estivo varios años en el infierno
y después salió tocando la pandereta.

6

En Fundación, reverberante y bulliciosa,
se me apareció un joven desconocido que me dijo:
-Te vi salir de Santa Marta y de inmediato he tomado un carro
para venir a alcanzarte en esta estación, donde el tren hace
una parada larga.
Segurié contigo hasta Gamarra, en el interior de las tierras cálidas
y desde allí retornaré porque mi abuela me espera.
No me dijo su nombre. Nos tomamos de las manos.
Se despidió alegremente.
Así deben ser todas las historias de ángeles.

7

Si vas a Cartagena, en Boca Chica
Los guias negros y los bateleros te ofrecerán sus servicios.
Sonrientes y obsequiosos, seas hombre o mujer,
te conducirán a una playa sollitaria para que tengas el recuerdo
que quieras de aquel breve viaje de turismo.Si te niegas a hacerlo se sentirán ofendidos y lo tomarán a desprecio.
Te dirán, como a mi: "No sabes lo que te pierdes. La próxima vez
es mejor que no vengas".

8

Sus padres, que lo amaban, estaban de acuerdo en que mi amistad
era lo más conveniente.
Por lo menos así estarían ellos seguros.
Y de ese modo todos fuimos felices.
No hay duda de que eran unos padres inteligentes.

9

Con su encantadora cabeza de dormir
y unos ojos dulces y desamparados,
la piel transparente, el corazón pequeñito,
sin fuerzas para extraer la crema dental,
dejó caer sus ropas frente a mí y me dijo:
"He venido para que seas mi padre".

10

Recorren la tierra los jóvenes que buscan un padre.
Esa, su mayor desgracia.


viernes, 9 de diciembre de 2011

Cuando fuimos uno con otro

Harold Alvarado Tenorio

Cuando fuimos uno con otro, incansables,
Contamos las numerosas estrellas.
Cuando hicimos el amor,
Las noches se detenían en la nuestra.
Cuando de toda palabra nos recibíamos,
Escribíamos el libro.
Pero los dioses no han sido derrocados
Y su poder nos asignó varios caminos.
Cuando nos separamos
Todo retornó al futuro y al vacío.
Habíamos recobrado nuestra contingencia
Y el pasado habitaba en la memoria.

martes, 6 de diciembre de 2011

Deslumbramiento por el deseo

Raúl Gómez Jattin

Instantáneo relámpago
tu aparición
Te asomas súbitamente
en un vértigo de fuego y música
por donde apareces

Deslumbra mis ojos
y quedas en el aire

lunes, 5 de diciembre de 2011

Hipótesis tardías

Sandra Uribe Pérez

Si mi casa estuviera hecha con palabras no me calcinaría el silencio,
la humedad y las grietas no serían más que metáforas del frío
que se alimenta con mis huesos.
Si mi morada fuera un poema tendría una fuente en la mitad del patio
y las monedas oxidadas por la memoria de tantos deseos perdidos
no hablarían en los bolsillos del hambre.
Si la argamasa de los muros estuviera hecha de aliento incontenible,
si las vocales llenaran las horas con ese humo que no asfixia,
sería difícil desprenderse del fuego,
alejarse cuando el crepitar se hace canto y la luz sube por la garganta:
no mediarían en la atmósfera los vocablos de la muerte,
no podría, como ahora, olvidar la manera de respirar.

sábado, 3 de diciembre de 2011

Una sola advertencia

Nicanor Parra

Si se trata de premiar el silencio
Como creo que éste es el caso
Nadie ha hecho + méritos que yo
Soy el menos prolífico de todos
Años de años que no publico nada
Me considero
Un drogadicto de la página en blanco
Como lo fuera el propio Juan Rulfo
Que se negó a escribir
+ de lo estrictamente necesario.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Canción de aniversario

Jaime Gil de Biedma

Porque soy ya seis años desde entonces,
porque no hay en la tierra, todavía,
nada que sea tan dulce como una habitación
para dos, si es tuya y mía,
porque hasta el tiempo, ese pariente pobre
que conoció mejores días,
parece partidario de la felicidad,
cantemos, alegría.

Y luego levantémonos más tarde,
como domingo. Que la mañana plena
se nos va en hacer el amor,
pero mejor: de otra manera
que la noche no puede imaginarse,
mientras el cuarto se nos puebla
de sol y vecindad tranquila, igual que el tiempo,
y de historia serena.

El eco de los días de placer,
el deseo, la música acordada
dentro del corazón, y que yo he puesto apenas
en mis poemas, por romántica;
todo el perfume, todo el pasado infiel,
lo que fue dulce y da nostalgia,
¿no ves cómo se sume en la realidad que entonces
soñabas y soñaba?

La realidad -no demasiada hermosa-
con sus inconvenientes de ser dos,
sus vergonzosas noches de amor sin deseo
y de deseo sin amor,
que ni en seis siglos de dormir a solas
las pagaríamos. Y con
sus transiciones vagas, de la traición al tedio,
del tedio a la traición.

La vida no es un sueño, tu ya sabes
que tenemos tendencia a olvidarlo.
Pero un poco de sueño, no mas, un sin es no es
por esta vez, callándonos
el resto de la historia, y un instante
-mientras que tu y to nos deseamos
feliz y larga vida en común-, estoy seguro
que no puede hacer daño.