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lunes, 28 de noviembre de 2011

Itaca

Constantino Petrou Cavafis

Cuando emprendas el camino hacia Itaca,
ruega que el camino sea largo,
lleno de aventuras y de conocimientos.
No temas a Lestrígones,
ni a los Cíclopes, ni al airado Poseidón.
Nunca los cruzarás en tu camino
si tus pensamientos permanecen altivos,
si una noble emoción te anima cuerpo y espíritu.
Jamás encontrarás a Lestrígones,
los Cíclopes o el fiero Poseidón,
si no los llevas en tu alma,
si tu alma no los hace surgir ante ti.

Ruega entonces que el camino sea largo.
Que las mañanas de verano sean numerosas,
que entres en muchos puertos por primera vez,
con tanto placer, con semejante alegría!
Detente en los mercados fenicios
y compra mercancías finas,
madreperlas y corales, ámbar y ébano,
y toda clase de enervantes perfumes,
compra todos los perfumes que puedas;
visita muchas ciudades egipcias,
aprende, aprende sin cesar junto a los sabios.

Conserva a Itaca fija siempre en tu mente.
Llegar allá es tu meta final.
Mas no por eso apresures el camino.
Preferible es que viajes durante largos años;
y mejor que ancles en la isla cuando ya seas viejo,
enriquecido con todo lo que has ganado en la ruta,
sin esperar que Itaca te ofrezca riquezas.

Itaca te ha dado el hermoso viaje.
Sin ella, jamás ye hubieras puesto en camino.
Pero no tiene más para darte.
Y si la encuentras pobre, no te habrá defraudado.
Sabio como eres, rico con tanta experiencia,
ya habrás comprendido lo que las Itacas significan.



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