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lunes, 26 de septiembre de 2011

De un amor sin interrogantes

El amor es ciego...
José J. Alves Pacheco

Alberto Mosquera

Mujer:
me importa
poca cosa
tu oscuro
y tu liviano
ayer
-¡tan turbio y tan humano...!-
así
cual no interesa
a la actual mariposa
el ayer del gusano.

Conozco
tus excesos
y con eso me basta.

Sé que fuiste
una loca
que vendiste,
en pública subasta,
el almacén
de besos
de tu boca.
Y sé que tu indecoro
cuando al mejor
postor,
de cada día,
que ostentara el derroche
de su oro,
tu cuerpo concedía
una noche
de amor.

No
lamento
que vendiendo
el instante
y el momento,
filmara, en ti,
la vida
una ridícula
película,
trágica,
chaplinesca,
sin héroe ni argumento.
Tal vez
por eso,
acaso,
por falta de trama
y de matices,
mi paso
loco
y cuerdo,
por tu cama,
nos dejó en el recuerdo
cicatrices.

Si
en mi lúbrico empeño,
entre tus labios,
mi compleja
pasión.
dejó besos
o agravios,
también como la abeja
sembró en ellos
el polen del ensueño.

Y en ti nació
mi fe,
como te digo,
cuando en la mesa
absurda
del café,
el uno,
el otro
amigo,
me filiaban detalles de tu ombligo.

Mas te ama
mi equilibrio
con exceso
pues, sin tener,
me diste
fuego de pavesas!

Por lo que tú ya fuiste...
Y porque ya regresas...
Y porque
así
es lo triste...!

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