Follow by Email

viernes, 3 de junio de 2011

Rastros en el cuerpo de otros

Raúl Gómez Jattin

Si eres aquel mismo de veinte años recientes no lo sé
La noche y la locura te me nublan el rostro
Hay algo en tus manos en ése que durmió ayer en mi almohada
y que dejó un papel al irse en la madrugada
donde decía: te amo pero a veces me aburro

Si eres aquel mismo que mi angustia me trae
tal vez como una ola más a mi arena ya vieja
o el que vigila mi gesto al encender un cigarrillo
con un beso en la punta de los dedos No lo sé

Pero amigo: Si has olvidado tú aquellos martes
de alcoholes y de sueños en tu rostro nocturno
si has olvidado visitante de palabras perdidas
el dolor que contigo amainé y también olvidé
eso no importa para que rastros tuyos vuelvan
en cada uno que pasa por mi cuerpo y me deja

Días de 1896

Costantino Petrou Cavafis
(Traducción de Ramón Irigoyen)

Se envileció a fondo Su tendencia amorosa
harto prohibida y despreciada
(aunque innata) fue la causa:
era la sociedad muy mojigata.
Perdió gradualmente su escaso dinero;
después su posición y su reputación.
Y rondaba los treinta sin ni siquiera por un año
ocuparse de un trabajo, al menos conocido.
Para sus gastos a veces sacaba dinero
en mediaciones que se consideran vergonzosas.
Se convirtió en un tipo que si lo frecuentabas
era muy probable quedar en entredicho.

Pero no sólo esto. No sería justo.
Es preciso además recordar su belleza.
Y hay otro aspecto en que, si desde él se mira,
aparece simpático; surge simple y auténtico
el chico del amor, que por encima de su honra
y su reputación puso sin hacerse cábalas
el puro goce de su carne pura.

¿De su reputación? Pero la sociedad que era
muy mojigata sacaba conclusiones absurdas.



Desmayarse, atreverse…

Lope de Vega

Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;

no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho ofendido receloso;

huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor suave,
olvidar el provecho, amar el daño;

creer que el cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño,
esto es amor: quien lo probó lo sabe.

Proverbios de uno llegado a los cuarenta


Harold Alvarado
Tenorio

No hables. Calla. Mira cómo las cosas a tu alrededor se pudren.
Confía sólo en los niños y los animales
Y de los ancianos aprende el miedo de haber vivido demasiado.
A tus contemporáneos pregunta sólo cosas prácticas
Y comparte con ellos tus fracasos, tus enfermedades,
Tus angustias, pero nunca tus éxitos.
De tus hermanos ama al que está lejos
Y teme del que vive cerca.
A tus padres nunca preguntes por su pasado
Ni trates de aclarar con ellos tu niñez y juventud.
Con tu patrón no hables, escríbele, y nunca le cuentes
Tus planes futuros y miéntele respecto a tu pasado.
Con tus colegas habla del clima, el aumento de salario
Y elogia con vigor sus faltas.
Ama a tu mujer hasta donde ella lo permita
Y si llegas a tener hijos, piensa que, como en los juegos de azar,
Podrás ganar o perder.
El destino no existe
Eres tú tu destino
Y si llegas a la vejez da gracias al cielo por haber vivido largo tiempo.
Pero implora con resignación por tu pronta muerte.
Los que no tenemos ni dinero o poder valemos menos
Que un caballo, un perro, un pájaro o una luna llena.
Los que no tenemos ni dinero ni poder
Llegados a los cuarenta
Debemos vivir en silencio
En absoluta soledad.

Así lo entendieron los antiguos,
Así lo certifica el presente.
Quien no pudo cambiar su país antes de cumplir la cuarta década
Esta condenado a pagar su cobardía por el resto de sus días.
Los héroes siempre murieron jóvenes.
No te cuentes, entonces, entre ellos.
Y termina tus días
Haciendo el cínico papel de un hombre sabio.





1964

1964

Jorge Luis Borges Acevedo

I

Ya no es mágico el mundo. Te han dejado
Ya no compartirás la clara luna
Ni los lentos jardines. Ya no hay una
Luna que no sea espejo del pasado,
Cristal de soledad, sol de agonías.
Adiós a las mutuas manos y las sienes
Que acercaba el amor. Hoy sólo tienes
La fiel memoria y los desiertos días.
Nadie pierde (repites vanamente)
Sino lo que no tiene y no ha tenido
Nunca, pero no basta ser valiente
Para aprender el arte del olvido.
Un símbolo, una rosa, te desgarra
Y te puede matar una guitarra.

II

Ya no seré feliz. Tal vez no importa.
Hay tantas otras cosas en el mundo.
Un instante cualquiera es más profundo
Y diverso que el mar. La vida es corta
Y aunque las horas son tan largas, una
Oscura maravilla nos acecha.
La muerte, ese otro mar, esa otra flecha
Que nos libra del sol y de la luna
Y del amor. La dicha que me diste
Y me quitaste debe ser borrada;
Lo que era todo tiene que ser nada.
Sólo me queda el goce de estar triste,
Esa vana costumbre que me inclina
Al Sur, a cierta puerta, a cierta esquina.